Según la Real Academia Española, una pandemia es considerada como «la afectación de una enfermedad infecciosa de los humanos a lo largo de un área geográficamente extensa». De muchas formas, el hoy se nos aparece como un momento de pandemia vivido por la población global. Vemos que nuestras rutinas de vida se ven modificadas por el hecho de quedarnos dentro de nuestras casas, compartiendo un tiempo obligado con las personas con las que vivimos. Cuarentena, quarantine, #YoMeQuedoEnCasa. Desde las diferentes redes sociales y medios de comunicación se nos dan instrucciones y recomendaciones para que esta cuarentena no sea un “tiempo muerto”: home office, videollamadas compartidas, shopping online, rutinas de actividad física, recetas saludables, cursos para aprender nuevas herramientas, juegos y contenidos culturales liberados para hacerle frente al llamado “aislamiento”.
Se crean necesidades que nos aparecen como vitales para la supervivencia. Entre ellas, la idea de que no podemos vivir sin información. Y ahí aparecen los medios de comunicación como los productores de esa información que debe ser oficial, verdadera, de fuente, chequeada, que nos ayudará a “salvarnos” de la psicosis y del virus. Bombardeo mediático extremo y por todos los canales.
Si buscamos la etimología del vocablo «pandemia» encontramos que procede del griego πανδημία: παν (pan, todo) y de δήμος (demos, pueblo), expresión que significa «reunión de todo un pueblo».
¿Podemos enriquecernos con esta situación? El protocolo de aislamiento implica una acción en masa, homogénea: todxs encerrados en nuestros hogares, dentro de nuestro mundo privado, sobreviviendo a “un tiempo nuevo”. Pero quizás sea este encierro el que impulse nuestro movimiento, nuestra fuerza. Quizás tanto aspiracionismo, tanto consumo queda reducido a nada cuando no estamos en manada. Quizás sí es tiempo de la comunidad, de discutir sobre el momento, de poder tomar conciencia y discutir sobre la profundidad de las cosas. ¿Podremos construir un nuevo tiempo?
Aquí es cuando la pandemia se nos vuelve tarea: generar esa «reunión de todo un pueblo». Hoy tenemos que producir, formarnos, ocupar este tiempo en crear otro distinto y profundizar en el encuentro.
Hoy esta situación en la que nos vemos es un momento particular que se nos constituye como una arista más de nuestro problema. ¿Pero somos capaces de preguntarnos por el problema general, la relación social que habitamos en todos los momentos? ¿Qué define qué es una enfermedad y qué no? ¿Qué es lo urgente y qué no lo es? ¿El estado de normalidad no es el caos organizado, el desorden bajo un orden? ¿Queremos volver a esa normalidad?

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